Una agonía silenciada.

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Cada día, millones de animales mueren por envenenamiento en todo el mundo. Son tantos, que ya parece hasta normal, y como las mal denominadas “mascotas”, sólo son eso, útiles, no hay más que comprarse otro y ya está, como quien renueva la televisión.

Lo que mucha gente no sabe, o más bien, no llega a entender, es el sufrimiento y agonía por la que pasa todo aquel animal que de una manera u otra acabe ingiriendo los vulgarmente denominados “raticidas”. Probablemente, la causa de la incomprensión sea la falta de empatía, ante un hecho al que se está muy acostumbrado, sobre todo en zonas rurales, donde es el pan de cada día colocar estas trampas mortales a diestro y siniestro.

Primero, debemos entender que las responsables de las plagas, no son ni las ratas ni los ratones, somos nosotr@s, l@s seres human@s los que con nuestra gran acción sobre la naturaleza, condicionamos la existencia de dichas “plagas”, que después asesinam@s como si fuéramos l@s dueñ@s y señores del planeta, cuando la mayor plaga que existe, somos nosotr@s mism@s.
Segundo, l@s animales no human@s, evidentemente, no tienen porque conocer nuestras “tecnologías”, y tendemos a culparl@s a ell@s de lo que les ocurra: “ay, yo no lo atropellé, fue él el que se me cruzó, es tonto, ¿no ve que vengo con un coche?” “yo dejé el raticida en la ventana y el gato se subió a comérselo…cómo si no le diera de comer”. Todas estas frases las escuchamos cada día y son meras excusas para no aceptar las culpas de nada, nunca.

Por otra parte, la mayoría de est@s animales que acaban envenenados, mueren de una forma lenta, solos, y agonizando hasta su último aliento; ya que, para quien no lo sepa, los raticidas son anticoagulantes, es decir, producen pequeñas hemorragias por todo el cuerpo que no paran de sangrar, hasta que se mueren, DESANGRAD@S POR DENTRO. Por otra parte, los más frecuentes puntos de inicio de las hemorragias son los pulmones, así que añadido a la agonía de la hemorragia, está el estrés producido por no poder respirar, ya que estos se llenan de líquido (sangre). 

Lo más peligroso de todo, es que muchas veces, al detectar los síntomas, ya es demasiado tarde, y el animal, sea cual sea, exhala hasta su último aliento de la forma más horrible que se pueda imaginar.
 
Poneros un momento en la piel de cualquiera de estos animales, ya sean “mascotas” o roedores, ¿es horrible verdad? Pero muchos diréis, son animales solamente, no importan. Pues os diré que, dejando a un lado el hecho importante de que tod@s somos animales, es decir, tenemos el mismo valor, un@s que otr@s; estos raticidas también pueden ser ingeridos por vuestr@s hij@s, sobrin@s y niet@s, ya que se colocan hasta en parques. Así que si os da tanto miedo para ell@s, ¿por qué se lo hacéis pasar a vuestr@s semejantes?

En definitiva, los raticidas son un arma que se emplea para asesinar lo que el propio “humano” creó, y que poco a poco se va volviendo contra nosotr@s, afectando a nuestr@s animales de compañía y poniendo en peligro a l@s más pequeños. Ahora, pensároslo dos veces al ir a colocar uno, porque la próxima víctima podría estar en vuestras casas.

-MªJesús Serrano Chávez-

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