EL ANUNCIO DE CAMPOFRÍO.

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El anuncio de Campofrío es la sonrisa del domador de circo, la caricia del agresor machista, la beneficencia del burgués.

Campofrío es una de las cinco mayores empresas del mundo en el sector cárnico. Cotiza en bolsa desde 1988. En 2010 facturó 2.100 millones de euros y actualmente utiliza a más de 11.500 personas en sus procesos productivos.

Campofrío obtiene sus beneficios de la extracción de la plusvalía de sus trabajadoras y trabajadores, de la especulación en bolsa, de la explotación y muerte de millones de animales y del empleo irracional de recursos naturales. Su triste publicidad (triste porque apena la eficacia de la simplicidad insultante de sus anuncios) mantiene una idea irreal de esa base material explotadora.

Todo comienza en la guerra civil, cómo no. Rojo él, fascista ella. Campofrío quiere ocultar que la lucha entre rojos y fascistas es la lucha por dos modelos de mundo diferentes. Uno, el de la injusticia, muerte y opresión. Otro, el de la igualdad, la vida y la libertad. Campofrío está del lado de los explotadores. Es su razón de ser, su forma de existir.


Las personas independentistas y las personas españolistas defienden, consciente o inconscientemente, dos ejemplos de organización diferentes. Uno, el de la soberanía propia, el respeto. Otro, el del centralismo y control sobre otros pueblos que pretenden organizarse ellos mismos. Campofrío está del lado de los controladores. Es su razón de ser, su forma de existir.

Las personas que el sistema utiliza para mantener el orden en contra de las personas que luchamos por nuestros derechos -derechos que son incompatibles con los de las grandes empresas- defienden dos prototipos de organización diferentes. Uno que mantiene el monopolio de la violencia en manos de unos pocos y que pretende homogeneizar y estandarizar la existencia. Otro que busca la redistribución de los recursos de manera justa desde la diversidad de los pueblos y las personas del mundo. Uno impone, el otro resiste. Campofrío necesita la imposición para ser, para existir.

Las personas taurinas y las antitaurinas defendemos dos maneras diferentes de entender las relaciones en sociedad. Las primeras desde la dominación del “ser superior”. Las segundas a través de la solidaridad y el desarrollo de la empatía como ejes centrales en la construcción de sociedades igualitarias que incluyan a todos los seres que tengan una vida propia. Campofrío necesita de la negación de esas vidas para comprender su razón de ser, su forma de existir. Por eso, también, apela a la “tolerancia” de lxs comehierbas.

Lxs votantxs del pp no son casta. La casta no es la gente que trabaja a mi lado cada día y vota al pp. No, esos son también mis compañerxs y compañerxs de vida porque en lo material estamos unidas, en lo material sufrimos la misma explotación, el mismo desprecio, el mismo intento por controlar nuestro pensamiento. No, la casta no es eso. La casta es Campofrío, y el intuitivo concepto de casta nos ayuda también a comprender que “en la casta”, como dicen los podemitas, encontramos la razón de ser, de existir, de grandes empresas como Campofrío.

Las personas ateas y las personas religiosas comprenden el mundo de manera diferente. El ateo dice, por ejemplo, que las religiones han servido para que los pueblos explotados no busquen respuestas a sus problemas en este mundo. Las religiones actuales de Occidente nos quieren con la cabeza agachada, humilde, generosos con quienes no reparten sus riquezas robadas. Y Campofrío necesita de tu generosidad y de la mía para seguir acumulando y reforzando su razón de ser, de existir.

Todos y cada uno de estos conflictos se envuelven con el manto de un simple juego en el que, al final de la discusión, los contrincantes se dan la mano y se convierten en amigos. Para eso se incluye al mismo nivel el enfrentamiento bético-sevillista.

“Nuestros hijos son más tolerantes que nosotros”, nos dicen al final. No sé quiénes serán vuestros hijos, pero ni yo ni la gente que reivindicamos justicia somos tolerantes. La tolerancia es condescendiente, se ejerce desde arriba, la define y suministra el poderoso. La tolerancia es paternalista y constituye una de las herramientas de trasmisión de sumisión más potentes que existen. No, no somos tolerantes. Las personas como nosotras defendemos, frente a los valores verticales de la tolerancia, la horizontalidad de la solidaridad, el respeto, la empatía, la justicia definida por todas y todos. Defendemos la lucha por la emancipación, por el fin de la Opresión.

Pero en algo sí estoy de acuerdo con el anuncio: “que nada nos quite nuestras diferencias. Que nadie nos quite nuestra capacidad de superarlas”. Efectivamente, nadie nos quitará la capacidad de superarlas. Pero frente a vosotros, que defendéis esa superación desde la rendición y la sumisión al poder neoliberal por parte del anarquista y del comunista; frente a vosotros, que defendéis esa superación desde la rendición y la sumisión al dominio españolista por parte del independentista; frente a vosotros que defendéis esa superación desde la rendición y la sumisión a la violencia institucionalizada por parte de la gente desarmada en las calles; que defendéis esa superación desde la rendición y la sumisión a los valores de muerte y explotación de las sociedades especistas por parte de quienes defendemos los derechos de los animales; frente a vosotros que defendéis esa superación desde la rendición y la sumisión a las imposiciones del régimen del setenta y ocho por parte de quienes pretenden cambios; o que extraéis rendición y sumisión a las teorías de la imposición divina como forma de naturalizar la explotación en la Tierra; frente a vosotros que nos necesitáis sumisas y rendidos, explicaremos hasta que se nos sequen las bocas o nos las cosáis, que nuestra capacidad de superar las diferencias está en el conflicto. Que los casitodopoderosos como Campofrío procurarán engañarnos, y cuando vean amenazada su posición, que la verán, emplearán toda la fuerza necesaria para mantener su status, no apelarán a la tolerancia ni al entendimiento porque no serán ya ellos quienes la administren. Por eso el conflicto, porque antes que justicia la explotación pide guerra.

El anuncio de Campofrío representa el clímax de un proceso de socialización que nos convierte en actores expropiados de nuestros cuerpos y nuestro derecho a la construcción de la propia persona, a la revisión, a la autocrítica.

Así que no, tolerancia no, porque ese es el idioma que justifica la injustica de las sociedades racistas, clasistas, capitalistas, especistas, machistas. Tolerancia no.

Nosotrxs tenemos algo mucho mejor, mucho más justo. Le decimos en mi barrio Solidaridad y Lucha.

Enrique Nafría

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