MANIFIESTO NAC. NO A LA CAZA 2019


Hace apenas unos meses, el Estado entero se horrorizó. Uno de esos vídeos difundidos por las redes sociales nos mostraba en su crudeza la realidad de una montería: doce perros y un ciervo herido de muerte se despeñaban por un barranco. Desde el otro lado, un número indeterminado de individuos disfrutaban con el espectáculo, mientras otro personaje siniestro caminaba despacio hacia el lugar de los hechos con la naturalidad de quien asiste a lo cotidiano. El micrófono abierto terminaba de dibujar la escena: «La que está liando el ‘venao’», se escuchaba. Como en cualquier modalidad de maltrato, los verdugos terminan por convertir en culpable a la víctima.

La respuesta de los cazadores fue inmediata: nadie mejor que ellos saben amar a sus perros, conservar el medio natural y nadie como ellos para respetar a las que, en un lenguaje inadmisible en estos días, consideran sus presas. Curiosa forma de afecto que consiste en mandar a los amigos a la muerte, en contaminar de plomo los espacios comunes a todos los seres vivos y en disparar desde lejos, sin oportunidad de defensa, a quienes afirman reverenciar para luego rematarlos a cuchillo cuando caen malheridos.

La Federación Española de Caza recomendó a los suyos que no divulgaran imágenes de este tipo porque podrían ser malinterpretadas por la sociedad, como si la escena dejara algún espacio para el libre criterio, e inventó para el caso una historia de Disney en la que todos los participantes terminaban felices y poco menos que degustando una coliflor. El mensaje último, el de siempre: se trataba de un caso aislado, un suceso accidental, que en nada empañaba el impoluto comportamiento de la generalidad del gremio.

Poco más tarde, nos conmovía otro cruel episodio. Un tipo enorme golpeaba, humillaba y disparaba a bocajarro a un zorro mutilado, con total probabilidad por una de las miles de trampas con las que quienes se autodenominan «grandes defensores» de la vida salvaje pretenden exterminarlos. Como si se tratara de un alumno que se presenta al examen con solo una página estudiada y responde con la cantinela aprendida sea cual sea la pregunta del profesor, otra ración más de lo mismo: otro caso aislado que en nada representa al colectivo.

Los anteriores, son solo un par de ejemplos de los más mediáticos. Cada semana nos despertamos con noticias macabras que nos narran el horror del hallazgo de algún o algunos perros tiroteados o ahorcados en un árbol como parece ordenar su criminal rito. Más casos aislados, para los integrantes del sector cinegético.

Según la estadística oficial elaborada anualmente por el Gobierno, solo en 2015, esos casos aislados provocaron el asesinato legal de 20.922.143 individuos de las más diversas especies, desde córvidos hasta ciervos pasando por zorros, por lobos o por muflones. A ese hiriente cifra debemos añadir las procedentes de prácticas furtivas, por razones obvias ajenas a la estadística, los incontables perros que corrieron la misma suerte que los del vídeo o los 50.000 que según los datos más fiables se abandonan cada año en campos, montes y carretera; también los hurones, las aves de cetrería y quienes por caber, según comunidades, en esa infame denominación de «alimañas» ni siquiera cuentan para los informes. Esas son las víctimas de la caza.

La práctica cinegética no es una tradición, no es parte de nuestra cultura, no es un deporte, no es un modo de disfrutar la naturaleza ni supone la defensa del mundo rural. La caza, hoy, es el ejercicio legal de la psicopatía, matar por matar, y un negocio que según sus propios números factura al año más de 3.635 millones de euros a costa del sufrimiento animal.

En fecha tan simbólica, en la que el fin de temporada marca el principio del tormento anual de los galgos, desde la defensa de las víctimas y desde la conservación de un medio natural que corresponde en usufructo a cuantos habitan el planeta, exigimos a quienes desde cualquier ámbito dispongan o puedan disponer del poder para ello un claro posicionamiento y la adopción de las medidas necesarias para que el exterminio sistemático de la vida se convierta en un lúgubre recuerdo del pasado.

Con o sin perro, con o sin armas: NO A LA CAZA.

3F. NO A LA CAZA



El próximo tres de febrero volvemos a las calles. En la práctica totalidad del Estado, nos unimos para reclamar un rotundo NO A LA CAZA. Porque ni las consideradas presas, ni los seres sintientes empleados como arma (galgos, podencos o cualquier otro animal, con independencia de raza o especie), merecen sufrir por simple diversión humana, pulsa en el enlace de tu comunidad, accede al cartel con toda la información de los actos y únete. Te esperamos.

CARTELES MANIFESTACIONES NAC 2019
















RESPUESTA A LA RFEC

Esta semana nos despertamos leyendo un alarde de artículo de investigación por parte de Jara y sedal. Daban respuesta al senador de Unidos Podemos Joan Comorera, miembro de la Asociación Parlamentaria en Defensa de los Derechos de los Animales (APDDA), tras su pregunta del 14 de septiembre sobre si el gobierno había previsto algún tipo de medida o control administrativo para reducir el número de perros de caza, sobre todo galgos, que cada año son abandonados.

La Real Federación Española de Caza parece ser que ha tardado tres meses en investigar los datos que protectoras y activistas llevamos años manejando. Niegan que se abandonen 50.000 galgos al año y dan por válidos los datos del Seprona: 61 en 2017. Según la Federación Española de Galgos, en España hay 200.000 galgos federados cuya vida media es de 4 años. Las cifras salen redondas, cada ejercicio «sobran»  50.000. Si a esos 200.000 les sumamos los que se encuentran sin federar y los que se hallan en poder de los cazadores furtivos, podríamos hablar de más de 500.000 ejemplares en España. ¿Cómo se deshacen de ellos? Solo hay que consultar a las protectoras o echar un vistazo a sus redes sociales.

Según artículo de Público que enlazamos, «desde 2012 a 2016, en el transcurso de esos cinco años, un total de 66.242 perros sufrieron algún tipo de maltrato, de los que 27.724 eran perros de caza, es decir, más del 40%. Una cifra muy elevada.»  
«Las estadísticas del Seprona, no obstante, no recogen todos los casos de perros maltratados en España, sino únicamente los derivados de las actuaciones llevadas a cabo por unidades de la Guardia Civil, sin incluir los que son recogidos por comunidades autónomas, ayuntamientos, protectoras y asociaciones voluntarias. El Gobierno reconoce que el Seprona “no tiene constancia estadística” de estas actuaciones, de lo que se deduce que las cifras de maltrato son en realidad muy superiores, aunque no existe ningún organismo que recopile estos datos.
Sólo en 2016, la lista de perros de caza que sufrieron maltrato la completan los 957 hallados en malas condiciones de alojamiento e higiene, los 37 con desnutrición o los 3.325 que no estaban registrados, carecían de microchip o les faltaba vacunación.»  

Estos son los datos de una protectora Española dedicada al rescate de galgos. Llegan a salvar cerca de mil por ejercicio.

La Fundación Benjamin Mehnert se ve obligada a cerrar la entrada de perros cada año porque sus instalaciones alcanzan el límite. Las cifras son claras: desde que empieza la temporada de caza hasta que finaliza la incoorporación de animales es muy superior al resto del año.


De estos datos podemos deducir que:

- El número de galgos abandonados que ofrece Seprona (61 galgos abandonados en 2016) dista mucho de las cifras reales de abandono que sufren los galgos.

- Los datos de galgos recogidos por algunas protectoras en 2016:
FBM recogió 795 galgos.
ACUNR recogió 250.
BaasGalgo recogió 118.
Pro-Galgo recogió 75.
Galgos del sur recogió 250.
Galgos del Sol recogió 113.

El mayor número de abandonos se produce en octubre y marzo. Siendo estos los meses de temporada de caza en los que se prueban y se descartan a los animales, contradiciendo también las estadísticas ofrecidas por la Fundación Affinity.

También argumenta la RFEC que en Europa está muy extendida la caza con galgo. otra mentira. En Portugal la afición por esta práctica es minoritaria y casi inexistente. En Irlanda se hace una especie de caza de liebre en hipódromos (no en monte) donde el galgo va con bozal. El año pasado el galgo campeón Irlandés dio positivo por cocaína y en 1991, el Irish Racing Board, organismo que regula las exportaciones de perros de carreras desde Irlanda, prohibió la exportación de estos animales a España sabiendo cuál es su trágico final. 

Del resto de países donde dicen se practica esta modalidad, debería saber la RFEC que el que exista un tipo de lebrel autóctono como es el caso del galgo italiano (piccolo), húngaro, ruso (borzoi) o persa (saluki) no significa que se cace con ellos. El Piccolo es un animal que apenas pasa de 5 kilos; el borzoi en cambio puede superar los 50. Se trata de perros que prácticamente son de exposición o de compañía. El saluki que usan los altos mandatarios árabes para capturar gacelas en ningún caso sufre el abandono y los malos tratos que sí padecen nuestros autóctonos galgos por parte de nuestros queridos cazadores españoles.

En Europa la caza con galgo está prohibida: Alemania 1952, Bélgica 1995, Escocia 2002, Reino Unido 2004 y en el resto de países europeos directamente no existe. En Argentina desde 2016, tras la polémica causada por el hallazgo de 50 perros de esta raza mutilados y quemados en una carretera.

Con los datos de la fundación Affinity estamos en lo mismo. La cuarta causa de abandono en España es ¡el fin de la temporada de caza! ¡¡¡La cuarta!!! Una vergüenza.

Recordamos que los datos de la fundación Affinity no son los de abandono, sino los de los perros rescatados por ALGUNAS protectoras, no todas. No se incluyen los de las perreras municipales, ni constan los animales atropellados en las carreteras. Tampoco los atados a vías de tren, los tirados a pozos, los lanzados a fosas, barrancos o ríos, los ahorcados, los matados al nacer por camadas indeseadas, etc.

También sostienen que el porcentaje de abandonos está disminuyendo. Cuando tan solo hay que saber leer una gráfica para observar que lejos de reducirse, parece frenarse con tendencia a subir la cifra de animales rescatados. Tal vez sea porque aumenta el número de personas concienciadas con el bienestar animal y cada vez se consiguen rescatar más animales antes de que mueran por la falta de humanidad de su antiguo dueño que lo dejó a su suerte en algún olivar de nuestros campos.


Lo que parece claro  es que mientras exista el MAL, el dolor y el maltrato hacia cualquier animal en este mundo, habrá gente con corazón luchando por el BIEN, el respeto, la educación y la empatía hacia los demás.

Seguimos en la lucha #NoALaCaza

LA MIRADA QUE NO PUDE AGUANTAR

Los ojos, pese a su aparente fragilidad, atesoran tanta fuerza que en ocasiones su mirada fija nos resulta imposible de aguantar.

Recientemente visité “Bioparc Valencia”, un parque zoológico denominado de última generación que se nos presenta, en pro de la conservación animal, como el mejor hábitat que pueda existir en cautividad y en pleno casco de la ciudad. Reconozco que aquella mañana brillante y olorosa de primavera, paseando plácidamente por los diferentes ambientes de Bioparc, llegué a pensar que sus inquilinos eran verdaderamente felices en esa suerte de puzle de decorados invisibles y sin solución de continuidad, que reproducían, admirablemente, los paisajes originarios de cada especie con la máxima fidelidad.



Pero algo extrañamente singular me aconteció al llegar a la zona de los gorilas que, aunque separados por un grueso cristal, se pueden contemplar a menos de dos palmos como así hacen los tropeles de bulliciosos niños que, llevados por sus colegios, no dejan de mirar, chillar y gesticular frente a esos grandes simios que parecen acostumbrados a que les imiten un día tras otro, otro tras uno, reiteradamente y siempre de manera grotesca e igual.

Al llegar a la altura del patriarca de la comunidad, un espalda plateada, sentí un escalofrío agudo que me hizo tambalear cuando sus intensos e inquietantemente humanos ojos negros se clavaron en los míos para calladamente anunciarme que él también tenía derecho al uso de su dignidad. Dignidad perdida, en esa exhibición bochornosa de feria postmoderna, que disfraza una cárcel de lujo para seres vivos, cuya condena penan solo por ser distintos a los humanos, precisamente lo que los humanos denominan como “discriminar”.

Acto seguido, cogiendo pausadamente del suelo, con su inmenso brazo derecho un puñado de astillas de madera me las arrojó ceremoniosamente siendo detenidas por el cristal, como muestra disciplente de su intención de parecer tonto, sólo por él quererlo, pero no por realmente serlo, y menos todavía por ninguna imposición de una especie de reciente incorporación a la biosfera terrenal que se cree superior a todas.

Mis ojos, avergonzados, no aguantaron su mirada y se llenaron de unas lágrimas secas que todavía duelen en mi pesar. Es bien cierto, que a mi peludo interlocutor visual no lo volveré a visitar, porque yo no me lo merezco y él se merece mucho más.

“La mirada que no pude aguantar”, de Antonio J. Alonso. Publicado en “El blog personal de Antonio Business Coaching” .

INICIOS

Muchos de los galgos que hoy habitan en nuestras casas han pasado previamente por un lugar triste y sombrío llamado residencia. Mi Minnie viene de allí. Llegó tras vagar sin descanso por campos y calles de un pueblo de Toledo.


Minnie tiene sus huesos llenos de «nudos». El más llamativo, uno que se le sale de la clavícula. No le gustan los palos, pero quiero pensar y creo que fue por un atropello. Demasiadas fracturas mal cuidadas... Vi su video: una chica la intentaba consolar, una mano a la que ella se aferraba.. Quise a esta chica. me encantó ver cómo los trataban, cómo intentaban vendar sus almas rotas.

Yo también fui voluntaria y es algo que haces con la mejor intención. Procuras mejorar en lo posible sus condiciones, darles todo el cariño del que seas capaz. El día de su llegada se vuelve muy difícil. Algunos vienen maltratados, totalmente rotos, con su mirada vencida intentando pasar desapercibidos y no ser vistos.

A otros les trae su galguero directamente —ya no «sirven»—. Suelen ser perros lesionados, con frecuencia en las patas, como Malú a la que recogí para introducirla en un frio chenil. Su cara de desorientación, su mirada detrás del galguero queriéndome seguir... En ese momento solo la lealtad supera su miedo. Qué difícil cerrar la puerta y que esté a gusto. Despliegas todas tus armas: caricias, comida, chuches. Pero es imposible, sabes que ese día nada sirve.

Los más afortunados son encontrados en las calles y llevados a centros de protección que luego los derivan a asociaciones para su adopción. En cualquier caso, la estancia para los galgos allí es dura, triste... Y para eso van las voluntarias, para mejorarles la vida, para conseguir cambiar su expresión, darles cariño y alegría para hacer que vuelvan a ser perros. Se consigue, tarde o temprano se consigue.


No todo el mundo posee las cualidades necesarias para ejercer de voluntario. He presenciado muchas «primeras veces» de gente que ya no regresaba. No saben lo que se pierden: el impagable valor de estar allí y sentir ese hilo invisible que se crea entre ti y cada uno de los perros. Un hilo fuerte hecho de comprensión, cariño y confianza que ya llevarás de por vida.

Mi profundo respeto por todos los voluntarios que, sin medios, se dejan la piel por los perros. Resulta realmente difícil irse a casa sabiendo que quedan allí. Mucho ánimo para continuar y todo el apoyo del mundo porque os necesitan y os quieren.

Sonia de Paz.

OCTUBRE, NO A LA CAZA. PERFOMANCE PLATAFORMA NAC

Sucedió el último seis de octubre y de forma simultánea en 23 ciudades. Decenas de activistas convocados por nuestra plataforma nos congregamos en calles y plazas. De negro  en señal de respeto hacia quienes sufren la tragedia—, armados con tabletas y ordenadores portátiles, y con el rostro cubierto por máscaras para destacar que ninguno somos importantes en más de lo que aportamos a la causa, mostramos a quien quiso escucharnos los efectos de la caza. Víctimas asesinadas, perros y otros animales torturados hasta la muerte cuando ya no sirven como herramientas, irreparables daños medioambientales. Octubre, fin de la veda. El negocio de la muerte comienza la matanza. Porque no existen razones válidas para convertir el planeta en el reino de la crueldad… NO A LA CAZA.


LA MEMORIA DEL LLANTO

“Perdonen si empiezo con una confidencia personal: yo, que soy contrario a los toros, entiendo de toros. Durante años, cuando me recogieron en Zaragoza durante la posguerra, traté casi diariamente con don Celestino Martín, que era el empresario de la plaza. Eso me permitió conocer a los grandes de la época: Jaime Noain, El Estudiante, Rafaelillo, Nicanor Villalta. Me permitió conocer también, a mi pesar, el mundo del toro: las palizas con sacos de arena al animal prisionero para quebrantarlo, los largos ayunos sustituidos poco antes de la fiesta por una comida excesiva para que el toro se sintiera cansado, la técnica de hacerle dar con la capa varias vueltas al ruedo para agotarlo... Si algún lector va a la plaza, le ruego observe el agotamiento del animal y cómo respira. Y eso antes de empezar.



Vi las puyas, las tuve en la mano, las sentí. El que pague por ver cómo a un ser vivo y noble le clavan eso debería pedir perdón a su conciencia y pedir perdón a Dios. ¿Quién es capaz de decir que eso no destroza? ¿Quién es capaz de decir que eso no causa dolor? Pero, claro, el torero, es decir, el artista necesita protegerse. La pica le rompe al toro los músculos del cuello, y a partir de entonces el animal no puede girar la cabeza y sólo logra embestir de frente. Así el famoso sabe por dónde van a pasar los cuernos y arrimarse después como un héroe, manchándose con la sangre del lomo del animal a mayor gloria de su valentía y su arte.

Me di cuenta, en mi ingenuidad de muchacho (los ingenuos ven la verdad), de que el toro era el único inocente que había en la plaza, que sólo buscaba una salida al ruedo del suplicio, tanto que a veces, en su desesperación, se lanzaba al tendido. Lo vi sufrir estocadas y estocadas, porque casi nunca se le mata a la primera, y ha quedado en mi memoria un pobre toro gimiendo en el centro de la plaza, con el estoque a medio clavar, pidiendo una piedad inútil. ¡El animal estaba pidiendo piedad...! Eso ha quedado en la memoria secreta que todos tenemos, mi memoria del llanto.

Y en esa memoria del llanto está el horror de las banderillas negras. A un pobre animal manso le clavaron esas varas con explosivos que le hacían saltar a pedazos la carne. Y la gente pagaba por verlo.

El que acude a la plaza debería hacer uso de ese sentido de la igualdad que todos tenemos y darse cuenta de que va a ver un juego de muerte y tortura con un solo perdedor: el animal. El peligro del toreo, además de inmoral como espectáculo, es efectista, y si no lo fuera, si encima pagáramos para ver morir a un hombre, faltarían manos y leyes para prohibir la fiesta.

Gente docta me dice: te equivocas. Esto es una tradición. Cierto. Pero gente docta me recuerda: teníamos la tradición de quemar vivos a los herejes en la plaza pública, la de ejecutar a garrote ante toda una ciudad, la de la esclavitud, la de la educación a palos. Todas esas tradiciones las hemos ido eliminando a base de leyes, cultura y valores humanos. ¿No habrá una ley para prohibir esa última tortura, por la cual además pagamos?

Perdonen a este viejo periodista que aún sabe mirar a los ojos de un animal y no ha perdido la memoria del llanto."

Fuente: EL PAÍS; Francisco González Ledesma, periodista y escritor.
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